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Las mujeres, entre el techo de cristal y el suelo pegajoso

 

Han pasado más de 30 años desde que se acuñara el concepto de “techo de cristal”, pero parece que se trata de un cristal blindado, porque tras tres décadas, sigue sin romperse del todo. El “glass ceiling barriers” es el conjunto de impedimentos que encuentran las mujeres para acceder a los puestos de mando y dirección en el ámbito laboral. Y con esta privación, llega la brecha salarial, que llega a ser de hasta el 25 % en el ámbito de la Unión Europea. 

 

Con el arranque del nuevo curso, que cada vez más se pinta como otra magnífica oportunidad para hacer los propósitos del año nuevo, muchas mujeres se ponen la meta de conseguir finalmente ese ascenso. ¿Cuántas lo conseguirán? ¿Cuántas podrán romper esas barreras? Hoy hablaremos no solo de ese techo invisible que pesa como una losa sobre las cabezas de miles de mujeres, sino también de otros focos de estrés que impiden a las trabajadoras  desarrollarse en distintos ámbitos. 

Suelo de barro

Porque igual que existe un techo que dificulta que la mujer llegue al cielo, también hay uno que ni siquiera las deja mirar hacia arriba. Su entorno está tan cargado, sus responsabilidades son tantas, que su mirada siempre va dirigida hacia abajo, hacia un suelo de barro. Ese suelo pegajoso que impide que la mujer pueda mover libremente sus pies. Unos pies que quedan enredados entre cargas familiares, precariedad y dificultades que provoca la invisibilidad más absoluta. 

 

No es que no puedan acceder a los puestos de mayor responsabilidad en el mundo de los negocios, es que ni siquiera llegan al mercado laboral reconocido. Hablamos de cuidadoras, mujeres para las que la conciliación es una entelequia. Algunas están en empresas donde no facilitan esa conciliación, otras, directamente no pueden acceder al mundo de la empresa porque están condicionadas por las labores de cuidado que debe prestar en su entorno. 

 

Se provoca así una feminización de ciertos trabajos, como por ejemplo, el que comentábamos, el de los cuidados. Terminan recayendo en mujeres, y es (qué casualidad), el sector peor pagado. El salario bruto mensual es de 823 euros al mes. En el sector de la salud ocurre lo mismo, la brecha salarial es del 22 % y la feminización es muy alta. Allá donde hay más mujeres trabajando, los sueldos caen, consecuencia en muchas ocasiones de pedir reducciones de jornada precisamente para atender a la familia y otras responsabilidades. 

 

Entre las medidas que se proponen para paliar esta situación e ir reduciendo esa diferencia salarial se encuentra la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad y hacerlos intransferibles, por ejemplo. Las empresas no discriminarán a la hora de contratar si el hombre es susceptible de acogerse a las mismas reducciones de jornada y permisos que las mujeres. España ya camina en esa dirección desde el pasado mes de marzo, pero aún queda mucho por recorrer.

 

M.Vidal
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